De la vid a la copa: Un viaje fascinante a través de la historia del vino en el Perú

Dejando de lado a los referentes clásicos como Francia o los gigantes regionales como Chile y Argentina, la verdad es que la vitivinicultura sudamericana nació en Perú. Por siglos, el vino peruano fue el más buscado del continente. Descubre con nosotros este viaje histórico, desde la llegada de las primeras vides hasta la actualidad.

La llegada de la vid: el primer capítulo de nuestra historia

La historia del vino en el Perú se remonta al siglo XVI, apenas unas décadas después de la llegada de los conquistadores españoles. Con ellos, no solo llegaron la espada y la cruz, sino también la vid. Se cree que los primeros sarmientos llegaron desde las Islas Canarias y se plantaron con éxito en la costa peruana, posiblemente en la región de Ica, alrededor de 1540. Este hecho convierte a Perú en la cuna de la vitivinicultura en América del Sur.

La viticultura en Perú tiene raíces profundas. Historiadores como Cieza de León (1547) atestiguan la presencia de viñas, y José de Acosta afirmó que aquí se produjo el primer vino americano. Este desarrollo fue impulsado por órdenes religiosas, sobre todo los jesuitas, quienes necesitaban el vino para los ritos, lo que llevó a la producción a gran escala.

vid en perú
La historia del vino en el Perú se remonta al siglo XVI, apenas unas décadas después de la llegada de los conquistadores españoles. (Foto: Gemini AI)

El auge del oro líquido del Virreinato

Durante los siglos XVI y XVII, el vino peruano alcanzó su máximo esplendor. Regiones como Ica, Moquegua, Arequipa y Tacna se consolidaron como importantes centros de producción. El vino era un símbolo de estatus y se consumía tanto en los palacios virreinales como en las tabernas populares.

Este auge no solo se debió a las condiciones climáticas y geográficas de la costa peruana, ideales para el cultivo de la vid, sino también a la habilidad y el ingenio de los viticultores de la época. Para transportar el vino, se utilizaban grandes vasijas de barro conocidas como “botijas” o “tinajas”, que aún hoy se pueden ver en antiguas bodegas.

Sin embargo, el éxito del vino peruano no pasó desapercibido en España. A finales del siglo XVI, la Corona española, preocupada por la competencia que representaba el vino del Virreinato para sus propios productos, impuso altos impuestos y restricciones a su exportación, lo que marcó el inicio de un lento declive en la industria. Este fue un punto de inflexión que, con el tiempo, afectaría profundamente la producción vitivinícola en el país.

Pisco, plagas y el ocaso de una tradición

El siglo XVIII trajo consigo un cambio crucial. Mientras la producción de vino se veía mermada por las políticas coloniales, una nueva bebida comenzaba a ganar terreno: el pisco. Este destilado de uva, que se producía en los mismos valles vitivinícolas, se volvió extremadamente popular y rentable, desplazando al vino como el producto estrella de las bodegas peruanas.

Adicionalmente, la historia de la vitivinicultura en el Perú también se vio afectada por factores externos. En el siglo XIX, la llegada de la filoxera, una plaga que devastó los viñedos europeos, también llegó a nuestro país. Aunque el impacto no fue tan catastrófico como en Europa, sí contribuyó al declive de la industria del vino. A esto se sumó un factor social importante: la Guerra del Pacífico (1879-1884), que desorganizó por completo la economía peruana, incluyendo la producción vitivinícola.

El renacimiento vitivinícola: Un nuevo amanecer

A pesar de los desafíos, la tradición del vino en el Perú nunca desapareció por completo. En las últimas décadas, hemos sido testigos de un fascinante renacimiento. Bodegas históricas como Tacama, que han perdurado a través del tiempo, han sido pioneras en la adopción de nuevas tecnologías y cepas, mejorando significativamente la calidad de sus vinos.

Actualmente, el Perú cuenta con una producción vitivinícola que, aunque no es masiva, se enfoca en la calidad, la innovación y la identidad. Regiones como Ica, Arequipa, Moquegua y Tacna siguen siendo los principales centros productores. Se han introducido cepas internacionales como Cabernet Sauvignon, Syrah y Malbec, que se adaptan perfectamente a nuestro terroir, y también se ha revalorizado la uva Quebranta, tan emblemática de nuestra tierra.

Este nuevo capítulo de nuestra historia es prometedor, y nos invita a redescubrir la riqueza y la herencia de una tradición que, a pesar de los altibajos, ha resistido el paso del tiempo.

Ir a la tienda
No te ibas a dejar el carrito así, ¿verdad?

¿Te vas? Guarda tus productos seleccionados.

Bríndanos tu correo para guardar tu carrito para más tarde. Y, quién sabe, quizá incluso te enviemos un cordial código de descuento.