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Cómo servir el vino
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Aunque es relativamente fácil abrir una botella de vino, es sorprendente ver cuánta gente no puede hacerlo correctamente.

Es esencial la armonía entre el vino elegido y el menú proyectado. Ya se ha dicho que el vino es un cuerpo con vida y en su ciclo vital se producen sedimentos que se depositan al fondo de la botella. Esto es natural y no es un defecto como algunos suponen. Por eso no hay que sacudir o mover innecesariamente la botella, ni servir hasta la última gota.

Cuando se trata de vinos tintos viejos, hay que decantarlos, operación delicada que supone transvasarlo de la botella a una garrafa de cristal, con gran cuidado y lentitud para que no se traslade el sedimento. Existe todo un complicado proceso para una perfecta decantación. Los vinos blancos no se decantan.

Descorchar la botella también es operación que exige calma, inmovilidad y lentitud por la razón antes indicada. Una botella de vino tinto debe abrirse con la mayor anticipación posible, para que se oxigene y de relieve al "bouquet" del contenido.

Abierta la botella, quien oficia de anfitrión inspecciona el corcho para probar si su aspecto y olor no revelan un proceso de descomposición, que pueda afectar al vino. Y si la experiencia resulta favorable, le corresponde probar, a cuyo efecto el mozo verterá una pequeña cantidad en su copa. Entonces lo prueba y si lo encuentra satisfactorio, da su conformidad para que se sirva.

El mozo servirá primero a los invitados y al final al anfitrión. Es este momento oportuno también para efectuar tres comprobaciones adicionales, para confirmar el estado en que se encuentra el vino. En primer lugar, poner la copa de trasluz, para observar si tiene "luz", o si está opaco. Luego para verificar si el "halo" que se forma en el punto mas alto del vino, donde se toca con la copa, es cristalino o amarillento, como si fuera aceitoso. Finalmente, establecer si al aspirar su perfume recuerda el olor del jerez.

Si el vino está opaco, su halo es amarillento y su olor es a jerez, nos encontramos frente a un vino de mesa malogrado. En español se dice "ajerezado", en francés, "maderizado", porque recuerda el olor de la madera o del jerez, respectivamente, y en inglés "oxidado", término que corresponde con exactitud al cambio químico operado en el vino. Se trata del peor defecto que pueda tener un vino de mesa, blanco o tinto, y debe ser rechazado. Sólo los ignorantes y los necios suelen alabarlo, expresando "iQué buen vino, sabe a jerez!". Es decir, alaban su defecto.

El vino blanco se sirve helado entre 8° y 10°C. El tinto, a la temperatura del cuarto, entre 18° y 20°C.

El mozo qua va a servir el vino blanco toma con la mano derecha la botella, pero con una servilleta doblada, de manera que el calor de su mano no toque la botella y caliente el vino. Debe hacerlo de modo tal, que la etiqueta quede a la vista del comensal, quien tendrá la oportunidad de leerla y saber qué vino se le está invitando. El vino tinto se sirve igual que el blanco, pero la servilleta no es indispensable, pues esta clase de vino, como ya se ha dicho, se sirve a la temperatura del cuarto.

Planear una etiqueta es una complicada ciencia y un arte. Cada palabra revela alguna información y todas forman un bello conjunto. Tapar totalmente la etiqueta con la servilleta es grave error. La botella no esta desnuda.

Otro aspecto importante. El vino no tiene como objetivo dar realce al cristal de la copa que lo contiene, o la fábrica que la ha producido. En consecuencia, hay que descartar las copas con colores o tallados que impiden apreciar el ropaje del vino. El cristal debe ser llano y transparente y la copa, conforme a modelos aprobados por conocedores. Su forma debe ser de globo, esférica, teniendo la boca un menor diámetro que permitirá conservar los éteres y alcoholes, que constituyen el "bouquet", y que serán apreciados por el comensal. Es necesario insistir en la amplitud de la boca de la copa para facilitar al comensal la aspiración del "bouquet". Para terminar, nunca llenar más de la mitad de la copa, para que al poner en movimiento el vino sin derramarse, ponga de relieve su "bouquet" y pueda ser aspirado por el comensal.

Primero se sirven los vinos blancos y entre ellos, antes los ligeros que los fuertes. En seguida, los rojos, siguiendo igual regla. Según el experto francés Luis Forest, el servicio de los vinos debe realizarse "con la perfección de una sinfonía".